Dice Agustina Zabaljauregui:
"En estos cuentos, Matías Vigano nos contacta con la ternura y el horror de los vínculos. Sus historias traen la noción de que querer y ser querido es como una soga alrededor del cuello, que a veces lo acaricia y otras lo aprieta. El humo del pucho nos abraza, la dulzura del whisky nos contiene, pero esa sensación no perdura porque hay algo que acecha. La posibilidad de que todo se rompa está siempre cerca. Sin embargo, cuando ocurre, cuando los personajes estallan en mil pedazos, pueden sacarse la soga del cuello, agarrarse muy fuerte de ella y salir del pozo."
Dice José Ignacio Scasserra:
"Matías no pone al día a su lector: nos muestra pedazos rotos y le deja a nuestra imaginación la tarea de especular sobre los dolores que se asoman mientras sus personajes comparten cervezas, golosinas o un partido de fútbol."
Dice Camila Martínez Orsenigo:
"En este libro todo lo que es familia o intenta serlo se vuelve espeso, enturbia el aire. Los personajes de Matías parecen esperar refugios que no existen o todavía no supieron construir. Sin embargo, para el lector, resulta una suerte: las familias felices no hacen buena literatura."
Matías Vigano nació en 1996 y pasó su infancia entre Floresta y San Martín. Se formó como músico en el Conservatorio Superior de Música Astor Piazzolla y cursó la Licenciatura en Composición Musical. Asistió al taller literario de Pablo Ramos y a la clínica para escritores de Liliana Heker. Es docente en la escuela de escritura de Juan Sklar, El Cuaderno Azul, donde acompaña grupos de escritura y talleres de lectura. Su cuento "Distancia" fue publicado en la Revista Orsai, "Zapatillas nuevas" fue finalista del Premio Itaú de Cuento Digital y "Aunque no haga ningún ruido" fue finalista del concurso Cuentos a la calle de la Fundación Una Brecha. Trabajó como columnista literario en programas de radio. Pasa las noches en los bares de Caballito, vaciando botellas de vino y afirmando que la literatura no es lo que hace, es lo que él es.