Día 34. Abro el calendario en el celular y reviso de nuevo. Cuento. Sí, día 34. No hay equivocación. La última vez fue el 15 de septiembre, justo el día que volví de Córdoba. Voy al baño y chequeo de nuevo. Nada. Repaso cada instante de esa noche. Fuimos a bailar por el cumple de Meli. Él se acercó y nos pusimos a charlar. Hubo química desde el momento cero. Nos habíamos conocido el fin de semana anterior en una fiesta y habíamos quedado en encontrarnos esa noche en el boliche. Al principio fue un tira y afloje, mucho histeriqueo de mi parte, muy fiel a mi estilo. Pero al final de la noche accedí a irme con él. Recuerdo cada detalle. Todas las precauciones habían sido tomadas. Pero… ¿puedo estar segura yo de que el riesgo es cero? Camino en círculos en mi dos ambientes. Voy a la cocina y me sirvo una copa del vino que quedó abierto en la heladera de la cena de la noche anterior. Miro la copa y la vacío en la pileta. Saco un vaso limpio y me sirvo agua. Me siento en el sillón. Siento calor, me duele la cabeza. Pienso en comer algo, pero realmente no tengo hambre. Tengo en la heladera pollo con arroz que sobró del almuerzo. De solo recordarlo, me da un poco de asco... Me toco la panza. ¿Sería posible que yo…? No es posible… no… ¿Y si lo es? ¿Qué voy a hacer? Hace un par de meses congelé óvulos, porque tengo el deseo de... ¿Y ahora…? Estoy frente a una posibilidad cruzando los dedos para que no se haga realidad. ¿Qué significa esto? ¿Realmente no es tan fuerte mi deseo? Trato de ponerle orden a mis pensamientos. Yo quiero ser madre, sí. Pero no así. Yo quiero ser madre acompañada por un padre amoroso que me ame con delirio y pasión hasta el fin de los tiempos. No con un tipo que he visto dos veces en mi vida y cuyo apellido lo conozco gracias a las redes sociales. Bianco… Valentina Bianco. Suena bien. Estoy segura de que va a ser nena, me lo dijo una gitana en Sevilla, hace varios años. Y Valentina es un nombre que me encanta, lo elegí cuando Lucía estaba eligiendo nombre para su bebé. Me gusta tanto que hasta le pedí a mis amigas más intimas que no lo usaran con sus hijas. En el celu solo dice Horacio2. No lo tengo agendado con el apellido. Horacio a secas es mi compañero de trabajo. Busco la conversación en whatsapp. El último mensaje dice te espero afuera. Fue la señal para escabullirme del cumple de Meli. Me subí a su auto y nos fuimos juntos. Y después… no más mensajes. ¿Cómo se lo voy a decir? Hola! Cómo estás? Qué planes tenes para los próximos años? Capaz que tengas que reacomodar algunos... Seguramente no me va a creer. No debe ser fácil para un tipo estar seguro de su paternidad. En esa, la tenemos más fácil nosotras. Mirá, yo estoy segura de que sos el padre (hace más de un año que no estaba con alguien, esto obvio no se lo voy a decir), pero entiendo que quieras hacer un estudio de ADN. Si él no quiere hacerse cargo, a mí no me importa. Yo lo voy a tener. ¿Y cómo se lo voy a decir a mis viejos? Están muy felices con la llegada de Felipe, el primer nieto de la familia, hijo de mi hermana. Pero probablemente un nieto con este contexto no será igualmente recibido. Al menos, no la noticia. Después lo querrán igual. Pienso en el que dirán, ese del que siempre me jacto, de la boca para afuera, de que no me importa. Aparentemente no es tan así. Yo siempre he sido tan… prolija… ahora con un hijo hecho por un pibe de una noche… En el trabajo no contaré nada hasta que la panza se empiece a notar. Quizá podría decir que opté por donación de esperma. Seguramente algunos me juzgarán, pero prefiero ese juicio a subir al estrado por haberme calentado con un tipo equis que ni siquiera sé si tiene segundo nombre. Mis amigas… Seguro pensarán que es joda cuando se los cuente. Dani y Vicky seguro se alegrarán y me apoyarán. Flor se encargará de divulgar el chisme. Pienso cómo va a cambiar mi vida con la llegada de un bebé. ¿Cómo haré con mi trabajo full time? Voy a tener que dejar la especialización. Sin abuela cerca y, suponiendo que el padre no se hará cargo, tendré que pensar en una niñera. Quizá podría combinar algunos días con mi hermana, por lo menos hasta encontrar alguna que me cierre. Ella había decidido tomarse un año completo de licencia por maternidad. Yo no me puedo dar ese lujo. Necesito un sueldo para comprar los pañales. De una manera u otra me voy a organizar. Me gusta la idea de que mi bebé y Felipe sean primitos cercanos en edad. Se llevarán un año y meses. Hago los cálculos. Llegará para fines de junio. Al menos los últimos meses de embarazo me tocarán en invierno, eso es bueno. Junio... Géminis, o tal vez Cáncer. Me cae bien la gente de Cáncer, geminianos no conozco muchos. Miro el celular. Veinticinco mensajes sin leer en el grupo Arena & Sol. De milagro habíamos logrado coordinar con las chicas para irnos a Cancún a festejar los veinte años de egresadas. Chau viaje… Con una panza de siete meses este plan queda totalmente descartado. Mi cabeza va a mil por horas. Prendo la tele para distraerme un poco. Publicidad de pañales. ¡Basta! Me voy a acostar, pretendiendo dormir. No pego un ojo. Miro la habitación y pienso dónde colocar la cuna. No, no puede ser posible. Nos hemos cuidado. Seguramente es una alteración del ciclo. Por estrés. Estoy estresada. Acabo de volver de vacaciones pero siempre algo de estrés uno tiene. No puedo seguir haciéndome la cabeza. Necesito certezas. Necesito saber. Pero tengo miedo. Solo pensar en ese momento en el que tengo el test en la mano y aparecen dos rayitas… dos rayitas... Quién diría que dos rayitas son suficientes para cambiar completamente tu vida. Día 35. Me levanto temprano decidida a ir a la farmacia a comprar el test. Antes paso por el baño. Voy a la farmacia. Compro toallitas.