"LA MORADA IRAOLA", por Jonathan Tapicer
Cada lunes, desde hace cinco meses, Liliana repite el mismo recorrido. A las tres en punto comienza a prepararse, se pone uno de sus mejores vestidos, un sombrero según la temporada y lleva su cartera grande de cuero. Sale de su piso frente a la Biblioteca Nacional, camina despacio pero con seguridad las pocas cuadras que la separan de Plaza Francia y llega a la Iglesia. A veces compra una bolsita de garrapiñadas (las favoritas de Luis), y cuando junta suficiente coraje entra al cementerio.
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